Cuando lo que llevas dentro necesita salir, no siempre hacen falta palabras
Hay una idea que suena a tópico pero que, cuando la vives, deja de serlo: lo que no expresas se queda dentro. Y dentro, sin forma ni nombre, se convierte en un caos difícil de gestionar. En estrés, en tensión, en noches con férula de descarga y en días en los que vas como pollo sin cabeza sin saber muy bien qué te pasa.
En este episodio de El Podcast de las Ventas tengo el placer de tener como invitada a Elena González, arte terapeuta somática, artista plástica y pianista. Una conversación que empezó antes de darle al botón de grabar y que, como suele pasar cuando dos personas conectan de verdad, fue mucho más allá de lo previsto.
Hablamos de arte, de cuerpo, de estrés, de cómo aprender a escucharte y de por qué todo esto tiene más que ver con las ventas de lo que parece a primera vista.
No hace falta saber pintar
Una de las primeras barreras que aparecen cuando se habla de arte como herramienta es esa creencia de «yo no sé pintar». Lo sé bien porque yo misma la tenía. Fui a uno de los talleres de Elena convencida de que aquello no era para mí, y me equivocaba.
El arte, tal como lo plantea Elena, no tiene nada que ver con el resultado estético. Tiene que ver con el proceso. Con sacar fuera lo que llevas dentro, darle forma —aunque sea un garabato, una mancha o un trazo— y poder mirarlo desde fuera. Porque cuando lo que te agobia está dentro, es abrumador. Cuando lo pones delante de ti, puedes empezar a dialogar con ello.
Elena lo explica de una manera que a mí me encaja: el arte nos permite simbolizar lo que tenemos dentro. Y una vez que lo ves fuera, tu mente tiene la capacidad de darle nuevos significados a lo que está ocurriendo. Ahí es donde empieza el cambio.
El cuerpo habla, pero no siempre lo escuchas
Uno de los temas centrales de la conversación fue la conexión entre cuerpo y emociones. Algo que, dicho así, suena etéreo, pero que tiene una base muy concreta.
Cuando estás estresado, tu sistema nervioso se activa en modo lucha o huida. Es una respuesta útil si hay una amenaza de verdad, pero el problema es que la mayoría de nosotros vivimos enganchados en esa activación de manera permanente. Hiperalerta. Siempre con la guardia arriba.
Elena propone algo que me parece fundamental: dejar de patologizar lo que nos ocurre. En lugar de etiquetar lo que sientes como «ansiedad» o «estrés» y quedarte ahí, interpretar esas señales como una forma de comunicación contigo mismo. Escuchar lo que el cuerpo intenta decirte. Sin dramatismo, sin épica, con curiosidad y compasión.
Pequeños gestos que te cambian el día
No estamos hablando de irte 15 días de retiro a la montaña. Lo que Elena plantea —y lo que yo misma he comprobado— es que hay cosas muy sencillas que puedes hacer en tu día a día para bajar revoluciones.
En el episodio Elena comparte varios ejercicios prácticos. Uno de ellos es el ejercicio básico de Rosenberg: entrelazas las manos detrás de la nuca, miras con los ojos —sin mover la cabeza— hacia un lado durante unos 20 segundos, hasta que tu cuerpo da una señal de relajación (un bostezo, tragar saliva, un suspiro), y luego repites hacia el otro lado. Suena simple. Lo es. Y funciona.
Otro es lo que Elena llama el ejercicio del «guau»: abrir la boca como si dijeras «guau», con o sin sonido, para liberar la tensión acumulada en la mandíbula. Algo que cualquiera puede hacer antes de una reunión, en el coche o mientras teletrabaja. También hablamos de la respiración cuadrada: inhalar en 4, mantener en 4 y exhalar prolongando a 8 o 10. Cuando alargas la exhalación, le estás diciendo a tu cuerpo que no hay amenaza. Y el cuerpo responde.
Y algo tan básico como caminar descalzo sobre tierra o arena. Yo siempre he sentido que eso me regulaba, mucho antes de entender por qué. Resulta que los receptores de la planta del pie te conectan con el presente de una manera muy directa.
La conexión con las ventas es más directa de lo que parece
Te preguntarás qué tiene que ver todo esto con vender. Más de lo que crees.
Cuando tienes las defensas arriba, generar confianza con la persona que tienes delante es muy difícil. No te dejas ver. Y si no te dejas ver, hay un abismo entre tú y el otro que hace que cualquier conversación —sea una negociación, una llamada o una reunión— se quede en la superficie.
Elena lo conectó con su propia experiencia: cuántas veces no te has atrevido a hacer esa llamada porque la persona que creías ser no hace esas cosas. Cuántas veces una mala experiencia pasada se queda grabada y condiciona cómo actúas hoy.
Vender te obliga a enfrentarte a ti mismo. Estás en continua exposición al rechazo, al mal día, a las opiniones de los demás. Y si no tienes herramientas para gestionarlo, acabas reaccionando en lugar de respondiendo. Esa es la diferencia clave que Elena señala: responder al mundo en lugar de reaccionar a él.
Cómo funcionan los talleres de Elena
Para quien tenga curiosidad, Elena explicó cómo es el proceso en sus talleres y sesiones individuales. Se empieza conectando con el cuerpo, bajando revoluciones con algún ejercicio de orientación o una visualización breve. Después, se trabaja con materiales —lápices, rotuladores, pintura, lo que sea— con una consigna clara: disfrutar, experimentar, sin juicio.
Lo que sale no tiene que ser bonito ni tener sentido para nadie más que para ti. La intimidad queda preservada, porque solo tú sabes lo que significa tu obra. Y ese es, para mí, uno de los grandes aciertos de este enfoque: puedes soltar lo que llevas dentro sin tener que explicárselo a nadie.
Después del proceso creativo, hay un cierre donde puedes dialogar con lo que has plasmado. Y ahí, según Elena, es donde las cosas empiezan a encontrar un lugar diferente dentro de ti.
El arte como testigo silencioso
Una idea que me quedó grabada de la conversación: el arte puede ser un testigo amoroso y silencioso de lo que te pasa. Puedes poner esa obra —o ese trazo, o esa mancha— donde la veas cada día, como recordatorio de dónde vienes, de lo que has superado, de quién eres ahora.
Elena habla de hacerse una mochila no de piedras, sino de recursos. Y el arte puede ser uno de esos recursos que te acompañan en lo cotidiano.
Encuentra tus propios destellos
Elena mencionó algo que me parece muy aplicable a cualquier ámbito: buscar destellos en el día. Esos pequeños momentos de bienestar que todos tenemos —una llamada, un comentario amable, un café en silencio— y vivirlos con presencia. Porque cuando los vives de verdad, te cambian la química del cuerpo.
El problema es que nuestra mente se agarra a los malos rollos y les da una dimensión desproporcionada. Sin embargo, algo bueno que nos ocurre lo dejamos pasar como si nada.
Aprender a darle el mismo peso a lo bueno que a lo malo es, en sí mismo, un ejercicio de regulación. Y no necesitas nada más que atención para hacerlo.
Elena ha preparado una guía con 5 ejercicios de arte y cuerpo, junto con un pequeño diario para encontrar momentos de conexión contigo mismo. Puedes descargarla aquí.
Si quieres conocer más sobre su trabajo, sus talleres o contactar con ella, la mejor vía es su perfil de Instagram, donde comparte ejercicios, tips y toda la información sobre sus próximas actividades.
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¡Hasta la próxima!