Lo reconozco, la cultura japonesa, me encanta, tiene una belleza y sutileza que te invita a pensar.
Lo cierto es que el Kintsugi es todo un arte. Podríamos definirlo como el método de reparación que celebra la historia de cada objeto haciendo énfasis en sus fracturas en lugar de ocultarlas o disimularlas. Así se da una nueva vida a la pieza, transformándola en un objeto único, más bello y auténtico que el original.
No te voy a contar cómo nace, eso se lo dejo a Google, te animo a que lo busques, porque es una historia preciosa.
Seguro que te estás preguntando, ¿qué querrá contarme Marta con esto del Kintsugi?
Me gustaría hacer una reflexión sobre el Kintsugi, en octubre asistí al encuentro anual de antiguos alumnos de los másteres (tres por si tienes curiosidad) que he cursado.
En una de charlas, porque el encuentro, además de lúdico, es de formación y networking, nos compartieron, a las más de 470 personas que asistimos, cómo se puede aplicar el Kintsugi a la vida.
Si te fijas, el Kintsugi consiste en hacer visibles las roturas, para embellecerlas, con una pasta que lleva oro.
Esto, llevado a las personas, nos invita a mostrarnos tal cual somos. Tal cual eres.
Muestra tus cicatrices, podría ser un buen lema.
Con el transcurso de los años, de la vida, vamos (tú y yo, y todo el mundo) acumulando cicatrices, físicas y emocionales.
Las cicatrices, que son el indicativo de una herida curada, te conforman como eres, con tus cosas buenas y tus cosas malas… y, sin embargo… sin embargo, las ocultas.
Parece que mostrar las cicatrices es mostrarse vulnerable, pues bien tengo una noticia que darte, las muestres o no, eres vulnerable. ¡Sorpresa!
Y digo yo, ya que eres vulnerable, te guste o no. ¿Qué pasa si te animas a mostrar esas cicatrices?
A mostrarte tal cual eres.
¿Da vértigo? Un poco, aunque, ¿no crees que, al igual que con las piezas de cerámica, te haría más auténtico, más único y bello?
No te estoy pidiendo que vayas por la vida «sin protección», por así decirlo. Te estoy animando a que te permitas ser tú, tal y como eres.
Lo sé, puede que haya personas que cuando te muestras tal cual eres, se alejen. Y esto podría parecerte mal, salvo por un pequeño matiz. Si esas personas estaban contigo, sea el ámbito que sea, por cómo creían que eras y se van cuando te muestras de manera auténtica… me gustaría que te hicieras esta pregunta, ¿era una buena conexión/relación?
Lo bueno de mostrarte cómo eres, con tus cicatrices, es que te vas a rodear de personas que te valoran, te aprecian, te quieren y te aman, tal y como eres. Y esto, esto querido amigo, sí que es una buena noticia. ¿No crees?
¿Esto te va a afectar negativamente a la hora de vender? Nein (no, en alemán).
Verás, seguro que a estas alturas de la vida, ya te habrás dado cuenta de que no sabes todo lo que te gustaría saber. Lo sé, es doloroso asumirlo, aunque también supersano.
Por lo tanto, reconocer que te equivocas, que no sabes de todo, que no te gusta la cerveza, volar o lo que sea, lo que te hace es más persona.
Y créeme, a los clientes, tus clientes, ya sean actuales o futuros, lo que les gusta es la sinceridad y la buena atención.
Eso es lo que fomenta y alimenta una buena relación y, además, a largo plazo, con tu cliente, la relación personal.
Achtung: no confundir la sinceridad con el sincericidio, recuerda que son dos cosas diferentes.
Si empezaste a escuchar El Podcast de las Ventas en el año 2020, cuando empecé, seguro que habrás ido notando una especie de evolución, donde cada vez me muestro más yo, soy más natural y más auténtica, me equivoco, reconozco mis problemas y hasta comparto contigo algunas experiencias personales, divertidas, pero también algunas dolorosas.
Puede que hayas pensado que con los años me he ido volviendo más loca, puede que no te falte razón, en ocasiones necesito cierta dosis de locura para continuar con la vida.
Pero sobre todo, y me lo decís mucho, me he ido volviendo más yo, más natural. Vista desde fuera parezco muy formal y seria, sí, soy formal, soy profesional, y soy seria cuando tengo que serlo. Aunque también divertida.
Te voy a contar una anécdota, hace unos meses, Rafa y Laura, mi equipo web y digital, estuvo en mi casa, y fue supercurioso, porque si bien nos conocemos desde hace dos años, que es lo que llevamos trabajando juntos. La frase que dijo Rafa al final del primer día, cuando cada uno iba para su cama, fue, Marta, me quedo con que eres superdivertida.
Y eso me hizo pensar, ¿soy divertida? Paso tantas horas trabajando y en un ámbito tan profesional, que esa coraza, la de Marta «Pro» parece que trasciende. Por eso, a raíz de ese comentario, decidí que debo ser cómo soy.
Sin dejar de ser profesional, pero con mayor naturalidad.
Esto también es Kintsugi, porque la vida me enseñó a poner esa coraza para evitar resultar herida. Y te digo una cosa, no es que funcionara muy bien, aunque sí me enseñó muchas cosas.
Así, que ¿por qué no ser uno mismo?
¿Te animas a mostrar tus cicatrices?
Ahí te lo dejo, para que reflexiones