Y prejuicio cognitivo.
No, tranquilidad, no me voy a poner en modo psicología.
Más bien en modo vida, y en modo venta.
Con base en la experiencia vivida, sea en el área de la vida que sea, uno se forma una idea del tradicional causa – efecto.
Y eso, claro está, te condiciona y mucho, en las siguientes ocasiones en las que vivas la misma «causa».
Curioso, ya que una misma causa, puede tener distintos efectos.
Sin embargo, cuando se «dispara» la causa, tiendes a pensar en que se producirá ese mismo efecto, y seguro que hasta te lo imaginas con todo lujo de detalles.
Y no deja de sorprenderme que, en muchas ocasiones, esa causa, ni siquiera la has vivido tú, si no es que del «imaginario colectivo», por así decirlo.
Te pongo un ejemplo, ejemplo que me ha pasado hace unas horas, un poco antes de empezar a escribir esta newsletter.
Recibo una notificación de Hacienda. (Hola Hacienda, ¿cómo va todo?)
¿Qué es lo primero que me vino a la mente?
Nada bueno, eso te lo aseguro.
Y si me baso en mi experiencia personal, no he tenido mala relación con Hacienda, vale, lo reconozco, soy de las que prefiere cumplir la ley y dormir en calma.
Ni con esas me he imaginado algo positivo.
Más bien, todo lo contrario.
Cuando he entrado en la web y. me he descargado la notificación, no sin cierto temor, lo reconozco… la cosa no era mala, ni mala, ni buena, más bien neutra.
Sí, también suspiré aliviada.
E insisto, no tenía razones para estar inquieta.
Pero me inquieté.
Y me hizo pensar en que la predisposición, el sesgo afecta, y mucho, a todo lo que haces, y lo que hago, como puedes comprobar.
Esa predisposición, prejuicio, sesgo o el nombre que mejor te encaje, te pone tan en alerta o en tensión que te impide ver la realidad.
Y si no puedes ver la realidad, ni estar en calma, no vas a ser tu mejor versión.
No hace falta que te diga que no ser tu mejor versión al vender es un error que puedes pagar caro.
Antes de que empieces a pensar, que si ves a alguien con un cuchillo en la mano corriendo hacia ti, lo normal es ponerse en estado de alerta y prepararse para lo peor…
Déjame que te diga una cosa.
En ese caso, sí, claro que tienes que ponerte en alerta.
Me estoy refiriendo a ese otro porcentaje de tu día, de tu vida, que será y, eso deseo, cercano al 100% en el que tu vida no peligra.
La vida no siempre es fácil, lo sé.
Pero lo cierto es que si eres consciente de tus sesgos, vas a poder estar más en calma.
Te pongo otro ejemplo.
Hace años, cuando cogía un avión, cualquier ruido o movimiento, me ponía en lo peor.
Vamos, que me imaginaba hasta los titulares.
Hasta que un día, no sé cómo, dejó de pasar.
Incluso cuando, cómo la semana pasada, podía tener motivos para ello.
Cuando el sesgo desaparece, llega la calma, incluso en situaciones tensas.
Así que…
¿Te animas a reconocer y trabajar en esos sesgos?