Episodio 388: Plan de 90 días para fortalecer tu credibilidad y vender más

Credibilidad comercial: por qué la venta se decide antes de entrar en la reunión

Tu cliente decide si merece la pena trabajar contigo antes de sentarse a hablar. Esto es lo que mira cuando tú no estás delante, y cómo conseguir que juegue a tu favor.

Imagina llegar a una reunión y que tu cliente ya esté convencido de que merece la pena escucharte. Sin que hayas dicho una palabra todavía. Eso es lo que consigues cuando trabajas tu credibilidad comercial antes de sentarte con él. Porque la venta se decide antes de que entres en la reunión: tu cliente te busca, se forma una opinión de ti y llega a la cita a confirmarla. La buena noticia es que esa opinión la puedes construir tú. En este episodio te cuento qué mira tu cliente cuando tú no estás delante y cómo conseguir que lo que encuentre te abra la puerta en lugar de cerrártela.

Qué significa que la venta se decide en el antes

Significa que el momento decisivo se ha adelantado. Tu cliente averigua de ti antes de la reunión y llega con la decisión medio tomada, así que la reunión confirma más que estrena.

Durante muchos años vendimos casi en tiempo real. El momento de la verdad era cuando te sentabas delante: contabas tu discurso, escuchabas, presentabas una propuesta bien aterrizada, rebatías objeciones, cerrabas y hacías seguimiento. El antes, el durante y el después son las tres fases de la venta, y nosotros llevábamos toda la vida trabajando el durante y el después. El antes lo veíamos como prospección y poco más.

Ahí está el cambio. El antes ya no es solo prospección. Es lo que tu cliente averigua de ti y lo que hace que decida si te recibe, cómo te recibe y qué va a hacer contigo. Todo eso ocurre cuando tú todavía no estás en la sala. Cuando por fin te sientas, tu cliente llega con su idea ya hecha, a comprobar si eres quien parecías ser.

Y que quede claro, porque esto se malinterpreta mucho: nada de lo de siempre ha desaparecido. Sigues teniendo que entender a tu cliente, buscar la mejor solución, defender tu propuesta, rebatir objeciones, cerrar y cuidar la postventa. No es que el trabajo se haya movido de sitio. Es que se le ha añadido una capa más, encima de todo lo anterior, y esa capa pesa cada vez más en el resultado.

A mí esta parte, lejos de asustarme, me gusta. Porque cambia de quién depende la cosa. Ya no depende solo de lo bien que hables en una reunión ni de lo bien que articules una propuesta: depende de la opinión que tu cliente se ha formado de ti. Y ahí entra todo tu recorrido. Todo el camino que has hecho a lo largo de tu carrera, cómo eres, cómo es tu coherencia, tu manera de estar en el mundo y en la venta. Eso es lo que hace que tu cliente tenga ganas, o no, de hablar contigo. Y la buena noticia es que es controlable. Pide tiempo, sí, y a cambio te devuelve algo que antes dejabas al azar.

Por qué tu cliente ya no te da ni siete segundos

Antes te jugabas la primera impresión en siete segundos, cara a cara. Ahora tu cliente tiene todo el tiempo del mundo para investigarte antes de verte, y por eso llega con la opinión ya formada.

Esos siete segundos del uno a uno se acabaron. Cuando tu cliente quiere saber quién eres, no espera a tenerte delante: te busca, lee, pregunta y se hace una idea con calma. Y esa idea es la que trae puesta el día de la reunión.

Los números lo dejan claro. El 94% de los grupos de compra se ordenan en función de preferencias, y el 80% acaba comprando a su favorito inicial. Léelo otra vez. Ocho de cada diez se quedan con el que ya tenían en cabeza antes de empezar a hablar en serio. Eso significa que el partido se juega antes de la reunión: tienes que estar en esa lista corta de favoritos antes de que la cita exista. Caer bien el día que te sientas llega tarde. Y cuando por fin te sientas, lo que tu cliente hace es comprobar si eres de fiar. Si llegas a esa mesa, es porque ya ganaste algo antes. Y si no llegas, es porque ya perdiste algo antes.

Qué encuentra tu cliente cuando te busca y tú no estás delante

Encuentra dos cosas: tu huella digital, que es lo que está visible las 24 horas del día aunque tú no estés, y tu ecosistema, que son las referencias, los casos de éxito y la web de la empresa para la que trabajas.

La huella digital es todo lo que un cliente puede ver de ti sin pedirte permiso: tu LinkedIn, lo que sale al buscar tu nombre en Google, lo que una IA responde cuando le preguntan por ti, lo que has publicado, con quién apareces. Está ahí los 365 días del año, a cualquier hora, lo cuides o no lo cuides. Da un poco de vértigo pensarlo, y a la vez es la mejor noticia, porque es justamente la parte que puedes trabajar.

El ecosistema es lo que te rodea. Si trabajas para una empresa, son sus referencias, sus casos de éxito, lo que cuenta su web. Y aquí aparece un agujero que veo constantemente: dices que te dedicas a algo, y resulta que en tu web no se menciona o se menciona lo contrario. En ese momento tienes un problema doble. Hay una incoherencia evidente y, además, lo que dices que vendes no le estás diciendo al mundo que es una de tus áreas de competencia. El cliente que te investiga lo nota enseguida.

Por eso el primer paso siempre es el mismo: ponerte en la piel de tu cliente, quitarte tus filtros y buscarte como te buscaría él. Casi nadie lo ha hecho nunca con los ojos de un comprador. Y cuando lo haces, salen cosas. Te lo digo por experiencia propia: yo descubrí hace poco cosas mías que no estaban bien hechas y les dediqué tiempo a corregirlas.

Por qué la coherencia es lo que sostiene tu credibilidad comercial

Porque tu cliente ya no compra una promesa: compra coherencia. Cuando lo que dices, lo que muestras y lo que otros cuentan de ti apuntan en la misma dirección, te ganas la oportunidad antes de abrir la boca.

La coherencia funciona en los dos sentidos. Se puede ser coherente para lo bueno y coherente para lo malo, y la incoherencia, en lo bueno y en lo malo, es lo que acaba disparando las alarmas de tu cliente. Cuando algo no encaja —lo que prometes choca con lo que se ve—, tu cliente lo huele, y a partir de ahí desconfía de todo lo demás.

Por eso la promesa, sola, ya no vale. Eso de «nosotros lo hacemos todo muy bien» está manido y desgastado, lo dice todo el mundo y no lo sostiene casi nadie. Tu cliente ya no quiere oírlo. Quiere pruebas, hechos, referencias, casos de éxito. Quiere comprobar que lo que dices es cierto. Porque la confianza hay que demostrarla. Si alguien confía en ti es porque de verdad eres de fiar, y eso se gana enseñando lo que has hecho. Los adjetivos sueltos ya no convencen a nadie.

Te lo cuento con un ejemplo mío. Durante mucho tiempo me costó dar la cara con el podcast y publicar en LinkedIn. Tenía un síndrome del impostor del tamaño de un castillo y me daba vergüenza qué pensarían. Hasta que me di cuenta de que no tenía ningún sentido esconder una parte de mí que era pública por otro lado, y que ocultarla me hacía incoherente: vivía en dos mundos separados. El día que los junté, todo cambió. Ahora, cuando alguien me busca antes de una reunión, encuentra el podcast —que un año más ha vuelto a ser, según iVoox, el más escuchado de ventas en español, dos años seguidos— y encuentra lo que pienso sobre vender. Y cuando llega a la reunión, comprueba que soy igual que lo que cuento. Esa coincidencia entre el antes y el durante es la que abre la conversación con media confianza ya ganada.

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Cómo empezar a construir tu credibilidad comercial

Empieza por mirarte con los ojos de tu cliente y ordenar lo que encuentras. A partir de ahí, el trabajo se estructura en tres fases: diagnóstico, pruebas, y método y medición.

El diagnóstico es saber qué hay de ti ahí fuera antes de tocar nada. Las pruebas son convertir lo que has hecho en casos sólidos que tu cliente pueda encontrar cuando te investigue. Y el método y la medición son llevar todo eso a tus reuniones y comprobar, con números, si tu forma de cerrar ha mejorado. Es un trabajo que no se hace en un fin de semana, y por eso lo planteo como un plan de 90 días: tiempo suficiente para diagnosticar, construir y medir sin agobios, encajándolo en tus huecos.

El plan completo, fase a fase y semana a semana, te lo doy en el episodio. Ahí desgrano qué hacer cada mes, cómo auditarte, cómo levantar tus casos de éxito y qué tres números mirar al final para saber si todo este trabajo te está haciendo cerrar más. Dale al play y lo tienes entero.

Construir tu credibilidad comercial es controlable. Pide tiempo y constancia, y a cambio te coloca en esa lista de favoritos antes de que la reunión empiece. La próxima vez que te sientes con un cliente, la conversación arrancará desde la confianza que ya construiste cuando no estabas delante. Ese es el terreno que llevas ganado.

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