A veces no cambiamos tanto como creemos.
Otras, nos quedamos congelados en versiones que ya no somos.
Hoy no te voy a hablar de lo rápido que pasa el tiempo.
Que vuela, es casi una sensación generalizada.
Hoy quiero reflexionar contigo sobre lo que cambia y lo que se queda.
De lo fijo y lo variable (que no solo afecta a tu retribución).
El sábado pasado hice otra de esas tareas que había pospuesto: actualizar la web.
Pero no a nivel técnico.
A nivel de textos y fotos.
La Marta de hace cinco años se parece a la de ahora… no sé si mucho o poco, pero yo me veo mejor.
Y no hablo de fotos.
Hablo de saber quién soy.
La descripción de lo que haces, y quién eres —ya seas empresa, perfil personal o emprendedor— está viva.
Y a veces, por costumbre, pereza o esa sensación de “no está tan mal”, se queda ahí.
En mi caso, se quedó ahí.
En una web pública que cada mes ven miles de personas… durante cinco años.
Como te decía, el sábado me puse a releerme.
¿Dónde está el icono de llevarse las manos a la cabeza o meterse debajo de la mesa?
No es que estuviera mal.
Fue lo que fue en su momento.
Es que no me reconocí en mi descripción.
No había madurado ni la idea ni la versión de mí que soy ahora.
En esas palabras estaba Marta, claro que sí, pero esa versión de hace cinco años,
la que temía salir a la luz, la que tenía un síndrome del impostor tamaño galaxia (spoiler: sigue estando, pero ya no es tan grande), y la que parecía que hablaba bajito.
Mi tono de voz no es que sea más alto, es más claro.
Sé quién soy, he sudado, llorado y currado cada paso, y mirando hacia atrás…
me alegra cada tropiezo, cada lágrima, cada gota de sudor, cada “venga Marta, dale”.
Y no, no vengo a contarte una historia épica, entre otras cosas porque aún la estoy escribiendo.
Vengo a hablarte de esa parte fija que no ha cambiado.
La de mi particular forma de ver la venta (y sí, también la vida).
Esa que plasmé en un manifiesto y que, sí, estaba en esa misma página.
¿Mejoré el texto?
Claro, le hacía falta aire fresco.
Pero la esencia, ay esa esencia, es la misma:
- La venta como motor del movimiento económico.
- Como aporte a la vida de las organizaciones y personas.
- La construcción del mundo empresarial se basa en la venta.
- El aprendizaje que supone vender.
Y sí, la venta mueve el mundo.
Pero por eso, o se mueve con ética, o nos lo cargamos y luego viene la crítica.
La ética, el buen hacer, están en cada paso que das.
En cada decisión que tomas.
En cada vez que eres fiel a tu palabra.
Si la ética formase parte de la manera de vivir (y de vender) de la sociedad…
¿te imaginas cómo sería el mundo?
Si quieres saber cómo me defino (por ahora), puedes verlo aquí
Si quieres mejorar tus resultados, en eticacomercial.com/recursos tienes herramientas que te ayudarán a hacerlo.