Descubre cómo navegar LinkedIn sin postureos, desde la coherencia y la naturalidad, y por qué cuidar lo invisible puede transformar tus relaciones profesionales.
Ya lo sabéis: últimamente, en El Podcast de las Ventas, las entrevistas son sin guion, pero cargadas de ganas de aprender.
Y una de esas charlas que a mí me gustan —de las que acaban ocupando una buena taza de café— es la que compartí con Lara Huidobro, especialista en LinkedIn.
La palabra clave de la conversación no fue “algoritmo”.
Ni “alcance”.
Ni “trucos”.
Fue una que debería importarnos más: autenticidad.
LinkedIn no es solo una red social (y desde luego, no es Tinder)
Quizá te suene eso de que LinkedIn es como una gran sala virtual de networking.
Imagínatelo así:
Llegas a un evento presencial, saludas, observas, ves quién te genera confianza, quién compagina contigo… y poco a poco decides con quién te apetece tomar el siguiente café.
En LinkedIn, es igual.
El problema llega cuando algunos confunden mostrarse con aparentar.
Publicaciones que no dicen nada.
Comentarios vacíos de “me encanta”.
Y una avalancha de mensajes de venta en frío que ni siquiera se molestan en saber quién eres.
Lara y yo coincidimos en lo mismo:
Las conexiones no nacen del postureo.
Nacen de la coherencia.
De que lo que cuentas, lo que haces y lo que los demás perciben de ti… cuadre.
Nada de máscaras: lo que importa es quién eres y cómo te muestras.
Y, sobre todo, que seas tú.
Ser auténtico no es solo un eslogan (y mucho menos en LinkedIn)
¿Quieres usar LinkedIn con sentido?
Entonces pregúntate antes:
¿Para qué lo usas?
¿Y para quién?
Escucho mucho la excusa:
“Es que da miedo mostrarme.”
O: “No sé si tengo algo interesante que aportar.”
Y a ver… miedo da casi todo lo que sale de nuestra zona cómoda.
Pero si solo tienes un perfil bien puesto y no interactúas, no hay magia.
No hay marca personal.
Ni networking real.
Porque en LinkedIn, ser visible no es acumular contactos.
Es aportar valor (en público y en privado).
Es conversar.
Comentar con cabeza.
Y escuchar.
No te obsesiones con el alcance, los likes o los comentarios a la vista de todos.
Hay mucho trabajo invisible.
Mucha gente que calla pero escucha.
Y, quizás un día, te escribe para agradecerte… o proponerte algo.
Postureo, automatizaciones y por qué menos puede ser mucho más
Vivimos tiempos de automatización y mensajes genéricos a cascoporro.
Y sí, todos queremos optimizar.
Pero ¿automatizar el seguimiento?
Yo no.
Que te recuerde a quién contactar, vale.
Que le mande mensajes en mi nombre… ni de broma.
La diferencia real está en los detalles personales.
Saber con quién hablas.
Adaptar tu mensaje.
Y perder el miedo a dejar de seguir al rebaño.
Apostar por la calidad antes que la cantidad.
No necesitas publicar todos los días.
Ni hacer los vídeos del momento si no van contigo.
Si prefieres escribir, y tu comunidad disfruta leyendo, sé fiel a eso.
Si lo tuyo son las conversaciones privadas, dedícale mimo a cada una.
La autenticidad no se fuerza. Se cultiva.
Y, como todo, requiere tiempo, paciencia… y un puntito de atreverse.
Lo profesional sin lo personal no tiene sentido: el propósito importa
Lo profesional y lo personal están más unidos de lo que parece.
Mi recorrido —que he compartido alguna vez, desde noches difíciles hasta el clic interno que me hizo cambiar de vida— siempre me lleva a lo mismo:
Si no te conoces, si no tienes claro para qué haces lo que haces, todo lo demás chirría.
Construir tu presencia en LinkedIn desde ese para qué —y no desde modas pasajeras—
es la mejor garantía de conexiones sinceras, oportunidades reales y crecimiento de verdad.
Para terminar, una invitación
No esperes a tener todo perfecto.
Ni a seguir el ritmo frenético que a otros les funciona.
Tómate LinkedIn como ese salón donde elegir con quién conversar…
pero sobre todo, como una excusa para descubrir, cuidar y comunicar tu propósito.
Sé tú. Ni más, ni menos.
Lo demás, créeme, llega solo.
(No por arte de magia, sino porque siembras cada día un poco de verdad.)
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