Vender lo tuyo es otra liga: reflexiones (y verdades) sobre escribir y vender con autenticidad
Por qué nos tiembla el pulso al vender nuestros propios servicios, el poder de las palabras y cómo el perfeccionismo es ese enemigo invisible que nadie menciona cuando hablan de ventas.
Si me diesen un euro cada vez que alguien me dice:
“Pero si llevas vendiendo toda la vida, esto de venderte a ti misma lo tendrás chupado”,
ya estaría escribiendo este post desde una tumbona, no frente al portátil.
Hoy quiero compartir lo que hablamos Davinia Loza y yo en el podcast.
Y te aviso: va mucho más allá de técnicas.
Va de la trastienda emocional de la venta.
De escribir de verdad.
De perderle el miedo a sonar como una plantilla de Word.
Cuando vender lo tuyo es saltar al vacío (con la almohada en llamas)
No es lo mismo vender tecnología, webs o jamones para otros… que salir ahí fuera a ofrecer lo tuyo.
El vértigo es real.
Da igual la experiencia: en cuanto toca escribir una propuesta, una newsletter o ese primer correo de prospección, aparece el síndrome del impostor con ganas de protagonismo.
La vocecita es experta:
→ “¿Y si no soy suficiente?”
→ “¿Y si fallo?”
→ “¿Y si descubren que no soy perfecta?”
Y sí: ni Davinia ni yo nos libramos.
Ni creo que lo hagamos.
La venta propia te desnuda más que cualquier otra.
Escribir para vender (sin disfrazar tu voz)
Aquí chocan dos mundos: el de las palabras y el de las ventas.
Hasta que te toca redactar, abres el correo… y dudas:
¿De usted o de tú?
¿Con emojis o con “Estimado señor”?
El error más común: querer sonar “profesional”.
El resultado: sonar igual que todo el mundo.
Y eso, en un mar de correos, te condena al olvido.
La autenticidad vende.
Y no, no hace falta soltar tacos (aunque a veces ayudan).
Pero tampoco hace falta que te posea el espíritu del BOE.
Como decía Davinia: tu cliente necesita sentir que detrás hay una persona.
No una máquina de frases hechas.
Confiar en lo que aportas (y hacer las paces con las objeciones)
Otra trampa es la obsesión por no cometer errores.
“Soy profesional, yo no puedo fallar”.
¿Resultado?
No envías la propuesta.
O la envías tan maquillada que no se entiende nada.
La confianza no viene de la perfección.
Viene de atreverte a mostrarte como eres.
Y de saber que, si te equivocas, podrás corregir.
Y sí, las objeciones son inevitables.
Son el mejor síntoma de que alguien está considerando lo que ofreces.
Gestionarlas no es pelear, es dialogar.
Tres pistas prácticas para escribir (y no aburrir hasta a tu perro)
- El asunto es tu primera venta. Que huela a ti, no a “línea genérica”.
- Corto, cercano, concreto. No necesitas siete párrafos para decir qué haces.
- No vendas en el primer correo. Compra primero su tiempo y su interés.
Cuando sueltas el personaje y vendes siendo tú
Escribir y vender como tú misma es soltar el miedo a no gustar a todos.
La autenticidad es tu mayor filtro: los que conecten se quedarán.
Y con ellos, trabajarás mejor.
Así que, si tienes pendiente mandar ese correo, escribir esa propuesta o lanzar tu newsletter:
hazlo con tus palabras.
Las de verdad.
Ni el mejor copy ni la mejor estrategia pueden sustituir tu voz propia.
¿Te animas a probarlo?
Yo sigo en ello.
Y te aseguro que la venta se vive mejor cuando lo que vendes eres tú.
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