¿Te has preguntado alguna vez si realmente estás a la altura de la gente con la que trabajas?
Esa es de esas reflexiones que se cuelan en la cabeza justo después de cerrar el portátil (o abrir una botella de vino con amigos de toda la vida). Y suele pasar lo mismo en ventas, emprendimiento, tecnología… o en la vida.
Hoy quiero compartirte la charla sincera que he tenido con Fernando Jiménez en el podcast.
Nada que ver con fórmulas mágicas, promesas vacías ni clichés — solo personas reales enfrentándose a retos de carne y hueso.
El reto de liderar cuando tu equipo te supera (o eso crees)
No te voy a engañar: gestionar personas siempre asusta un poco.
Más si esas personas, como le pasó a Fernando cuando entró en Gradiant, parecen “más listas que tú”. (Palabras textuales suyas. Y os aseguro que Fer de tonto no tiene un pelo, aunque ahora tenga menos que hace 12 años, como él mismo bromea).
Entonces, ¿cómo liderar un equipo brillante sin sentir que te van a descubrir cualquier día como impostor?
La clave que compartimos Fernando y yo: entender que no todos tenemos que saber de todo, ni ser el Messi de nada.
Lo que importa es aportar lo tuyo, saber qué te hace complementario y cómo eso suma al grupo.
Como dice Fer: “Los equipos al final son piezas que se engranan, y encajas precisamente porque eres distinto”.
Si alguna vez te ha costado confiar en tu valor por no tener el perfil más técnico, perfecto o carismático — bienvenido al club.
Los equipos diversos funcionan porque mezclan rarezas, visiones y habilidades. No por parecerse entre sí.
De vinos y podcasts: la autenticidad vende (y une)
Una de las cosas que más me gusta del podcast —y que Fernando confirma con el suyo, Plasma y Gas— es que la autenticidad conecta.
Empezamos grabando tiesos, como si llevásemos chaqueta incluso en la voz, intentando sonar profesionales.
Pero el podcast que engancha es el que fluye como una charla entre personas que se abren. Con dudas, aprendizajes, risas y errores incluidos.
Y eso también aplica a tu trabajo.
Mostrarte tal cual eres (en LinkedIn, en una propuesta, en una reunión), humaniza.
Y sí, también vende. Porque conecta. Porque te hace real.
Cuestión de equilibrio: aprender a decir no (y a parar, también)
Otra de esas perlas que salieron en la conversación: no todo cliente ni todo proyecto vale la pena.
Es tentador presumir de tener “una gran empresa” en tu cartera, aunque te esté drenando el ánimo y los recursos.
Aprender a decir NO es vital para no perderte. Para no dejarte arrastrar.
En ventas, como en el liderazgo, el equilibrio está en saber decir:
“Quiero ayudar, pero no a cualquier precio.”
Los ciclos eternos, las promesas vagas, el “esto parece que avanza”…
Todo eso nos pasa a todos.
No es fracaso, es parte del proceso. Y del aprendizaje.
Nadie tiene todas las respuestas (y eso está bien)
Ni la gestión de equipos, ni las ventas, ni la vida tienen recetas fijas.
Fernando y yo coincidimos en algo:
No te vendas como la respuesta a todo, ni te agobies por no saberlo todo.
Es mucho más honesto decir “no lo sé, pero lo averiguo” que fingir seguridad.
Rodearte de personas diversas que sumen, incluso si al principio te intimidan, hace que los proyectos —y tú— crezcan.
Para cerrar:
La mayoría de las veces buscamos en los demás las fórmulas y certezas que, en realidad, nadie tiene.
Así que, la próxima vez que te asalte la duda (o el síndrome del impostor), recuerda:
Todos estamos buscando.
Todos estamos aprendiendo.
Y con suerte… también riéndonos un poco en el camino.
¿Y si hoy te permites aportar justo eso que te hace diferente, aunque no sea lo más ruidoso del grupo?
Ahí, justo ahí, está mucho del valor —y del disfrute— del trabajo y de la vida.
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