Episodio 390: Cómo preparar a tu técnico y a tu dirección antes de entrar a la reunión

Tu técnico y tu dirección pueden multiplicar una oportunidad o tirarla abajo. La diferencia está en el trabajo que haces tú antes de entrar.

Preparar a tu equipo para una reunión con cliente se reduce a dos trabajos muy concretos. A tu técnico le das contexto comercial en cuatro datos: el problema principal del cliente, su ecosistema tecnológico, quién va a estar en la sala con qué rol y qué quieres obtener de esa reunión. Con tu dirección acuerdas tres cosas: la agenda, el papel de cada uno y el repaso posterior. Eso es todo. Y ese «eso es todo» separa una reunión que avanza la venta de una que estropea lo que después ya no se puede arreglar.

La reunión se gana siempre en la preparación. En este artículo te cuento cómo hacer ese trabajo previo con cada perfil, y en el episodio del podcast lo tienes contado en mi voz, con los matices y los ejemplos que solo caben hablando.

Por qué una reunión con cliente se gana antes de empezar

Porque los números mandan. Meter a personas de tu organización en una oportunidad de venta eleva hasta un 258% las probabilidades de cerrar respecto a ir solo. Y al mismo tiempo, 1 de cada 5 ejecutivos se sienta delante del cliente sin que el comercial lo haya preparado, según un estudio de Harvard Business Review. Entre esas dos cifras está tu margen: el efecto de llevar a tu equipo existe, y se lo lleva quien hace el trabajo previo.

Piensa en lo que pasa cuando ese trabajo no se hace. La persona que entra sin contexto puede prometer cosas que después no se pueden cumplir, puede dar un mensaje contrario al que tú llevas construyendo con el cliente y puede generar ruido: restar en vez de sumar. Esa reunión que te ha costado semanas conseguir, esa oportunidad que llevas un par de meses trabajando, se cae. No por mala fe de nadie. Por falta de preparación.

Aquí hay una asimetría que conviene entender. Tú puedes permitirte llevar parte de la preparación en la cabeza, porque conoces al cliente, has tenido las reuniones previas y tienes una idea mental de por dónde va la oportunidad. La persona que metes en la sala no tiene nada de eso. Necesita un marco de trabajo: saber quién va, qué espera el cliente, qué mensaje toca y a qué objetivo se juega. Ese marco se transmite, no se da por supuesto.

Y transmitirlo a un técnico no es lo mismo que transmitirlo a tu dirección. Son dos preparaciones distintas, con contenidos distintos. Vamos con la primera.

Qué información necesita tu técnico antes de entrar a la reunión

Contexto comercial, no producto. A tu preventa o a tu técnico no tienes que contarle cómo funciona tu empresa ni cómo funciona el producto: eso lo sabe, y probablemente mejor que tú. Lo que no tiene es lo que tú sí sabes del cliente.

Por eso el briefing son cuatro datos. Uno: cuál es el problema principal del cliente, su dolor o su necesidad. Dos: su contexto tecnológico, el stack que tiene montado, su ecosistema. Tres: quién va a estar en la sala y con qué rol. Cuatro: qué quieres obtener de esa reunión. A cada reunión se va con un objetivo, y aquí toca ponerlo por escrito para que el esfuerzo de todos empuje en la misma dirección.

Con esos cuatro datos, tu técnico deja de contar algo genérico y personaliza. Y cuando se personaliza, la diferencia es inmensa: estás hablando el mismo lenguaje del cliente, y en lugar de hacer un repaso de funcionalidades cuentas cómo el producto soluciona su problema concreto. El cliente conecta mucho más con eso que con la lista de todo lo que se puede llegar a hacer. Lo mismo aplica si lo que viene después es una prueba de concepto o un trial: preparada ajustada a la realidad del cliente, sigues hablando su lenguaje.

¿Y cuánto cuesta montar esto? Media página. Un briefing de media página por reunión, escrito en función del perfil que llevas. Si la oportunidad es grande o el interlocutor lo merece, además del briefing montas una reunión interna previa. Y si no, ese correo de media página es el mínimo de los mínimos.

Yo me he encontrado las dos caras. He tenido que cancelar reuniones porque no estaban bien planeadas. Y he vivido lo contrario: le cuentas a la gente técnica lo que espera el cliente y de repente todo resulta mucho más sencillo, porque se habían imaginado algo bastante más complejo. Esa media página les quita el «¿qué me voy a encontrar aquí?» y te lo agradecen, porque nadie disfruta entrando a ciegas.

El briefing, además, trabaja para ti. El ejercicio de reducir la oportunidad a cuatro datos te obliga a pensar muy bien qué problema hay y cómo lo solucionas. Y más de una vez, al hacerlo, destapa que algo no estaba bien cualificado. Mejor descubrirlo tú escribiendo media página que descubrirlo el cliente en la sala.

Con esto, tu técnico cubre la parte de la solución. Queda otra figura, con otro trabajo: alguien que respalde tu palabra al nivel del negocio. Y a esa persona también la preparas tú.

Cómo preparar a tu dirección para una reunión con cliente

Acordando tres cosas antes de entrar: la agenda de la reunión, el papel de cada uno y el repaso posterior.

Tu dirección no entra a vender, igual que el técnico no entra a recitar producto. Tampoco entra a demostrar ni a cerrar. Entra a hablar de director a director, al mismo nivel y desde el punto de vista del negocio. Por eso tiene sentido llevarla cuando al otro lado hay un perfil homólogo, o cuando la cuenta es lo suficientemente importante para justificarlo. Su presencia hace algo que tú solo no puedes hacer: respaldar lo que has dicho sin que seas la única persona que compromete su palabra.

Y atención a esto, porque es la clave del acuerdo: la reunión sigue siendo tuya. Tu dirección tiene que saber que entra de apoyo, en qué punto interviene y qué le toca contar. Así su presencia aporta, le quitas el peso de leerse una propuesta entera y no te quita a ti la relación con el cliente.

Hay una táctica que ahorra muchos problemas: la petición de la reunión al cliente la redactas tú y se la pasas a tu dirección, en lugar de cargarle ese trabajo. Consigues tres cosas a la vez: tu dirección tiene claro qué se va a hacer, tú controlas el mensaje y ella llega con el trabajo hecho.

Lo único que tienes que pedirle es que no improvise compromisos. Sin contexto, puede prometer plazos o condiciones que después se vuelven un problema. No es mala fe ni ganas de forzar el pedido: es falta de contexto, porque tu dirección está a mil cosas más. Y un compromiso que no se puede cumplir no suma: resta. Se evita igual que todo lo demás, con tu briefing y con el objetivo claro: un correo de cinco líneas con la agenda, su papel y los compromisos que sí puede asumir.

Te habrás fijado en que todo este trabajo previo — el briefing, la agenda, los compromisos — se alimenta de una sola cosa: lo que sabes del cliente. Y eso no se improvisa la víspera; se construye desde el primer contacto, desde la prospección. Si quieres sistematizar esa parte de tu proceso, empieza por el libro. Consíguelo aquí.

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Qué cambia cuando técnico, dirección y comercial entran juntos

Que la preparación por separado ya no basta. Necesitáis además una agenda común: qué pasos va a dar cada uno, qué responsabilidad tiene y hasta dónde puede llegar cada una de las tres personas que están en esa reunión.

Si con dos personas una reunión ya se puede liar, con tres sin organizar el lío viene montado de casa. Y el mayor error en esta parte es no poner esa estructura, o dar por hecho que cada uno ya sabe lo que tiene que hacer porque habéis ido juntos a muchas reuniones. Cada cliente es un mundo y cada oportunidad es distinta. Además las personas tenemos días: tú, tu técnico o tu dirección podéis llegar más despistados de la cuenta, y la estructura es lo que sostiene la reunión cuando alguien no tiene su mejor día.

Una reunión que no se prepara no cierra la venta. En vez del efecto multiplicador que tiene llevar a tu equipo de cuenta, consigues un efecto divisor: cada uno tira hacia un lado y el cliente lo nota.

Y si el efecto multiplicador depende de la coordinación, la pregunta cae por su propio peso: ¿quién es el dueño de esa coordinación?

De quién es la responsabilidad de preparar al equipo

Tuya. La preparación, la agenda, la petición de la reunión y lo que va a decir cada uno lo organizas tú. No se delega ni hacia arriba ni hacia abajo, por muchos años que lleve cada uno haciendo esto. Porque el responsable último de la oportunidad eres tú.

Y la buena noticia es que el precio de esa responsabilidad es pequeño: quince minutos antes de cada reunión valen más que toda la experiencia que lleve tu equipo de años haciendo esto. Media página para tu técnico. Cinco líneas para tu dirección. Una agenda común si vais los tres.

Volvemos así al principio: la reunión se gana antes de empezar. Y el que la gana eres tú, con un trabajo que el cliente nunca ve y que se nota en cada minuto de la conversación.

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